Aulas unidas: Educación Multicultural

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El Liceo Mario Bahamonde, de Antofagasta, no solo es el más antiguo de su tipo aún funcionando en el extremo norte de Chile. También es el que, probablemente, posee la más variopinta y cuantiosa pléyade de estudiantes extranjeros en todo el país. Colombianos, peruanos, bolivianos, uruguayos, paraguayos, chinos, ecuatorianos, venezolanos y argentinos conviven día a día en sus salas y patios. Y sí, también hay chilenos. Mario de bahamondeAntofagasta, completo, bacán, recreo. La lengua de Wei Hao Wang es capaz de articular pocas palabras en castellano aún. Con 16 años, llegó hace dos meses al país tras haber dejado su natal Fujián, en China, y desde esta semana cursa primero medio en el Liceo Mario Bahamonde Silva, para muchos mejor conocido como el ex Liceo de Hombres de Antofagasta. -Casi no habla porque no entiende nada, así que lo acompaño lo más que puedo. Soy como una especie de intérprete o chaperón, y me comunico con él con señas. Fernando Calle es uno de sus profesores. Dice que es “seco” para las matemáticas . Que demoró menos de dos minutos en responder una prueba de diagnóstico que les hizo a sus alumnos. Y que todas sus respuestas estaban buenas. -Incluso tenían el desarrollo de cómo llegó a los resultados. Wei Hao Wang es uno de los 400 alumnos extranjeros del plantel, que cuenta con una matrícula de mil 100 alumnos. Fundado en 1888, al récord de ser el establecimiento educacional de su tipo en funcionamiento más antiguo del extremo norte del país, suma desde hace un tiempo el de ser el liceo con mayor cantidad de alumnos extranjeros en Antofagasta. Ciudad que en el último lustro ha experimentado una masiva inmigración gracias a las enormes inversiones mineras, el bajo desempleo y el buen estándar de vida que ofrece. El crecimiento ha sido vertiginoso. En 2010 los estudiantes provenientes de otros países sólo rondaban la centena. El año pasado eran 250. Ahora va camino a duplicar esa cifra. Torre de Babel El liceo es también uno de los planteles municipales con más alumnos de familias vulnerables. La mayoría vive en la periferia norte, en sectores como La Chimba y en poblaciones de los faldeos de la cordillera de la Costa, el límite este del radio urbano. El recinto, de tres pisos y con un amplio patio interior, donde se ubican un par de canchas, una de ellas techada, ocupa una manzana completa en el centro. Adentro de esos muros, una verdadera Torre de Babel juega en los patios, conversa en los pasillos o estudia en las aulas. Niños y jóvenes chilenos se mezclan con colombianos, peruanos, bolivianos, uruguayos, paraguayos, chinos, ecuatorianos, venezolanos y argentinos. Todos sufren un poco con ramos como Historia de Chile, la jornada escolar completa entre las 08.00 y 17.00 horas, los modismos chilenos y con algunas comidas locales, como la forma de preparar los porotos. Los bolivianos y peruanos, en general, son los más tímidos y prefieren estar en los pasillos más que en el patio. Es el caso de Daniza Carrizo (14), quien cursa segundo medio y proviene de la amazónica región boliviana de Beni. -Llegué hace una semana a Antofagasta, y muchos de mis compañeros pensaban que yo era brasileña. Me cuesta Historia de Chile, pero mucho más el horario. Allá era entre las siete y el medio día, pero ahora son como ocho horas. A su lado, su compatriota Luis Usquedo (14), dejó La Paz para cambiar de vida junto a su familia. Echa de menos a sus amigos, pero comenta que el resto no ha sido tan difícil y que la ciudad es linda. Más retraída, Ruth Arroyo (13), cursa primero medio, vive desde hace un mes en el país y añora su natal Trujillo, al norte de Perú, que define como “la ciudad de la primavera”. -Me sorprende tanto extranjero. Los locales me han tratado bien, aunque son medio cerrados en sus grupos y hablan extraño. Mucho “po”, “cachái”. Tenía miedo de ser peruana, pero me tratan bien, aunque me molestan con que los invite a almorzar porque creen que los peruanos comemos cebiche todos los días. Quién es quién El profesor Javier Díaz imparte desde hace cuatro años la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, el talón de Aquiles de muchos de los que allí estudian oriundos de otros lares. Con su delantal blanco y manos en jarra, intenta no perder de vista a ninguno de sus 35 alumnos en clase mientras desmenuza el perfil de los foráneos. -Los de Perú vienen muy bien preparados, tienen muy buena dicción, al igual que los bolivianos. Son muy respetuosos, sin nacionalismos exacerbados. Los de Paraguay son introvertidos y aguerridos. Todo les cuesta más, pero se esfuerzan al máximo. Sigue: -Los argentinos y uruguayos se adaptan con facilidad y son muy buenos para debatir. A los colombianos les cuesta un poco más, muchos vienen de Cali, que es un entorno geográfico totalmente distinto a nuestro desierto. Pero son alegres, empáticos y aclanados. Estos últimos, asegura, son también los más críticos. Dayana Vélez (16) cursa tercero medio y llegó hace un año desde Pereira. “De mi eje cafetero”, agrega con orgullo y acento colombiano. Con 12 meses de aclimatación en el cuerpo, ha sacado algunas conclusiones sobre sus compañeros locales. -Los chilenos llaman la atención porque hablan raro y les cuesta más aprender las cosas, son más flojos y algunos tratan mal a los profesores. Estudiar acá cuesta menos, porque en Colombia te exigen más. Sí, me cuesta historia, porque no tenía idea quiénes eran Bernardo O´Higgins o Arturo Prat, pero ahora los conozco. Junto a ella, improvisando un baile, Kelly García (17), una alegre morena que cursa segundo medio, reclama por la comida que conoció hace un año. -No me gustan los mariscos, ni cómo preparan los porotos, que nosotros les decimos “fríjoles”. Estamos todo el día en clases. Eso es demasiado, pero me ayuda que me soliciten para deportes y cosas artísticas. Su relato es seguido atentamente por Juan Pablo López (16), de tercero medio, uno de los pocos créditos nacionales que se atreve a unirse al grupo. -Ella baila muy bien, varias veces le he pedido pololeo pero no me pesca. También están los deportistas. Especialmente apetecidos son aquellos que provienen de países con tradición futbolera, como es el caso del uruguayo Maximiliano Soria (18), quien dejó Montevideo hace siete años para radicarse aquí, entre el desierto y el mar. -Me pelean para jugar fútbol. Sólo me complica cuando juegan las selecciones de Uruguay y Chile. Otros extrañan, precisamente, la vegetación. En los 14 meses que la paraguaya Karen Coronel (17) lleva en Antofagasta, le ha costado romper el férreo círculo en el que se tejen las amistades locales, mientras añora el verde de su natal Coronel Oviedo, a dos horas de Asunción. -Me sorprendió que acá no llueve nada, pero nada, además de tener que estar todo el día acá. En mi país eran cuatro horas al día en clases. Simce y bullying En general, los apoderados chilenos del liceo valoran que sus hijos tengan la oportunidad de compartir con personas de culturas diferentes. Creen que eso los enriquece en su formación. Así lo piensa Evelyn Reyes, quien tiene a su hijo en Tercero Medio. -Yo no tuve esa posibilidad y es lo que más me gusta del liceo. Mi niño, incluso, diría que se porta mejor en clases y en la casa en gran medida debido a eso. Pero incluso entre los apoderados hay diferencias. El rector del plantel, Boris García, admite que ha presenciado roces y discusiones de padres inmigrantes con sus hijos, preocupados de que estudien y se adapten para que puedan salir adelante en este nuevo país. Pero, por sobre todo, está satisfecho. En su oficina, con un manojo de papeles en las manos, cuenta que el liceo ha logrado mejorar en casi todas las estadísticas de rendimiento. -En los últimos cuatro años, en el SIMCE, subimos de un promedio de 215 a 260 puntos. El 60% de nuestros alumnos que rinde la PSU quedó en alguna carrera universitaria. También ha disminuido el bullying, porque no tenemos casos desde el 2012, y el año pasado, con el lío de las movilizaciones estudiantiles, sólo tuvimos una toma que duró cinco días. Fuente: El Mercurio

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