Presentan dos nuevos libros para hablar bien y escribir mejor

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¿Se dice “indio” o “hindú”? ¿Es correcta la palabra “opinólogo”? Al hablar español pueden surgir errores que en ocasiones repetimos o agravamos al escribir. La Academia Chilena de la Lengua y el Instituto Cervantes editan sendos libros que proponen un mejor uso de nuestro lenguaje y en los que se aclaran dudas que los hablantes del español se plantean de manera cotidiana. escribirEn una charla cotidiana, una mujer le cuenta a una amiga que durante la mañana le sucedió algo “heavy”: pasó a comprar un sánguche en un sitio con falencias de limpieza, donde se encontró con su compañera de colegio, la Gloria, quien no la saludó y, más encima, la evitó cuando quería acercarse a ella. Se trata de una conversación coloquial y de carácter informal en la que no hay mucho que corregir o criticar. Otra cosa sería si la mujer escribiera de la misma manera esta pequeña historia en una comunicación más formal. Tendría al menos cuatro incorrecciones, y la sugerencia sería sustituir la palabra de origen inglés “heavy” por “intenso”, escribir correctamente “sándwich”, cambiar la palabra “falencias” por “fallas” y reemplazar la expresión “más encima” por “además”. ¿Está mal hablar de esa forma? No. Lo incorrecto sería, más bien, escribir todo como se dice coloquialmente. El presidente de la Academia Chilena de la Lengua, Alfredo Matus, afirma que el habla cotidiana o informal no es incorrecta en sí misma, pero que las personas deben distinguir el contexto en el que utilizan las expresiones. “Es importante el habla coloquial porque es la que mejor representa la dinámica de las lenguas, que es una dinámica histórica. Pero no es lo mismo que una persona diga ‘bakán’ entre los amigos que en una reunión de apoderados. Sería impropio en el habla más cuidada”. Dudas como esa pueden ser consultadas y aclaradas con el libro que la Academia Chilena de la Lengua acaba de publicar junto a Editorial Catalonia bajo el título “Lo pienso bien y lo digo mal”. En él se ofrece una serie de recomendaciones idiomáticas basadas en casos concretos y preguntas planteadas directamente a la institución durante casi 20 años y respondidas por la Academia a través de sus periódicas “Notas idiomáticas”, publicadas con mucho éxito entre 1995 y 2011. “Todos los casos que exponemos se basan en la vida real, en ejemplos que hemos observado en Chile en la televisión, en los diarios o en las conversaciones que escuchamos”, explica el presidente de la Academia. ¿En qué áreas fallan más los chilenos? Matus explica que son muy comunes los “queísmos” y “dequeísmos. Por ejemplo, alguien puede decir que “todos sus amigos coinciden que la crisis no les afectará”, cuando lo correcto es decir “coinciden en que…”. O una empresa podría afirmar que “el paquete de señales que un abonado dispone”, cuando la frase correcta sería “el paquete de señales de las que un abonado dispone”. También es frecuente que se adopten palabras españolas que en inglés tienen otro significado, como “aplicar” (del verbo “apply”), en vez de “postular”; “librería” (de “library”), en vez de “biblioteca”, o “soportar” (de “support”), por el verbo “apoyar”. La pronunciación de algunos términos común en la lengua hablada no siempre es aceptable en la escritura. Es el caso de “difrutar” por “disfrutar”, “hácelo” por “hazlo” o “pone tú” por “pon tú”. Marcela Oyanedel, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, profesora de gramática española de la UC y presidenta de la Comisión de Gramática, integrada por lingüistas y gramáticos que, con el director y el pleno de la Academia, se encargaron de la elaboración del libro, explica que el uso del lenguaje de cada región enriquece el caudal lingüístico general del español, pero es importante que quienes lo hablan sepan usarlo de manera más precisa. Por ello es que este libro editado por la Academia pretende ser una herramienta de consulta “que no impone, sino que propone un uso adecuado del idioma” en Chile. “No necesariamente los chilenismos son contrarios al habla correcta”, dice Darío Rojas, coordinador de la publicación, y pone como ejemplo las palabras “fome” o “ampolleta”, las cuales “son propias del país, pero son absolutamente correctas”, afirma el académico de la U. de Chile. Esto es posible gracias a que quienes componen la Academia Chilena de la Lengua estudian de manera constante los cambios que experimenta el español en su historia. Matus explica: “Observamos el uso del lenguaje, lo registramos, y recomendamos cuáles son las formas más prestigiosas, según las propias modalidades del uso concreto. Por ejemplo, la mayoría de los chilenos tiene claro que se puede decir “cómo estái” en una conversación informal, pero no en una entrevista de trabajo. La regulación procede del mismo uso”, explica Alfredo Matus. “Al final, es la propia lengua la que manda. Como decía Andrés Bello, la única autoridad en lo tocante a la lengua es la lengua misma”. Un concepto que en los últimos años ha influido “determinantemente la política panhispánica” de las veintidós academias de la lengua, afirma. Sostiene que este constante cambio en el lenguaje es una característica universal producto de la presión de los cambios sociales y de las nuevas tecnologías. Oyanedel considera que hay una mayor preocupación de los chilenos por el bien decir. “Sin intención de generalizar, percibo que los chilenos sienten interés por el tema del idioma y el lenguaje, independientemente de su condición social y económica; se percibe que una persona que habla bien tiene más oportunidades”, dice. Es normal que haya incorrecciones en el habla, y por eso la gente recurre a diccionarios de significados, de antónimos o sinónimos, asegura Arturo Infante, director general de Editorial Catalonia. “Nadie que requiera un mínimo de expresión adecuada de la lengua deja de consultarlos en algún momento. Estamos seguros de que será el caso de este libro”. 500 dudas del español Durante este año debiera llegar a Chile la obra “Las 500 dudas más frecuentes del español” (Espasa), publicado en España en noviembre pasado y que generó cierta repercusión en la prensa española. Florentino Paredes, profesor de Lengua Española de la Universidad de Alcalá, coordinó ese libro de consulta editado por el Instituto Cervantes. El especialista explica que los errores en el habla surgen casi por inercia: “Oímos una frase que nos parece ingeniosa u ocurrente y la adoptamos sin pararnos a pensar si está bien o mal; esto sucede a menudo cuando oímos o leemos una expresión en boca de alguien a quien admiramos”. Afirma que el habla tiene que ver con las formas en cómo aprendemos el lenguaje en nuestro entorno social, en el cual aprendemos el significado de las palabras de una manera aproximada. Por ello es tan frecuente confundir términos parecidos como eficaz, efectivo y eficiente, islamista e islámico, u oír y escuchar. No solo los chilenos incurren en faltas al hablar o escribir. Según Paredes, también ocurre en el contexto de Hispanoamérica y los errores más frecuentes tienen que ver con la conjugación de verbos irregulares como fregar y apretar. En esos casos las personas suelen decir “frega” en lugar de “friega”, “apreta” en vez de “aprieta”. También es frecuente el uso incorrecto de preposiciones en frases como  se hartó a llorar” en lugar de “se hartó de llorar”; y también la falta de concordancia entre el sujeto y el verbo “¿yo soy el que manda” o “yo soy el que mando?”. En los países de hablahispana también son comunes los errores de puntuación como escribir comillas innecesarias, abusar de los puntos suspensivos o suprimir el signo de abertura de la interrogación y la exclamación, hábito que califica como “nefasto”. “Las 500 dudas más frecuentes del español” responde -literalmente- a preguntas del tipo ¿se escribe sólo o solo?; ¿se acentúa la palabra guion?; ¿se puede decir oscuro o hay que decir obscuro?” y a diversas inquietudes planteadas por quienes acuden al Instituto Cervantes en busca de orientación. El libro propone sustituir la expresión “años 70’s” por “años 70”; decir “una camisa de rayas” en lugar de “una camisa a rayas” y evitar la expresión “destornillarse de risa” y preferir “desternillarse de risa”, ya que si alguien se ríe tanto corre el peligro de que se le rompan las ternillas o cartílagos. Y más allá de que una persona pueda acudir a esta y otras obras de consulta o referencia, Paredes recomienda leer y escribir más, como una manera de mejorar la forma de comunicarse. Fuente: El Mercurio

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