Existe un choque entre el contenido de la universidad y la posterior práctica docente

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La materia que se enseña a los futuros pedagogos muchas veces no coincide con lo que después exigen las escuelas. Planificaciones y formas de enseñar son algunas de las cosas que se muestran dispares.   metodos de enseñanzaDe los muchos tipos de planificación que los profesores aprenden durante su formación universitaria, son pocas las que realmente se llegan a usar en el día a día. “A lo mejor sí tuvo su trasfondo y para mí sirvió y no me estoy dando cuenta; debo ser justa. Pero siento que fue mucho. Al final la que se ocupa es la lineal, no planificaciones rebuscadas. Los colegios tratan de simplificarlo”, grafica una docente formada en una universidad selectiva, entendida como una donde se exige un mínimo de 550 puntos en la PSU para postular por un cupo en Pedagogía. Su relato es parte de las entrevistas que hasta ahora recopila un estudio centrado en la importancia del primer trabajo en la formación de profesores, con la tesis de que estos no terminan de formarse en la universidad, sino que una vez superada la etapa de prácticas profesionales, cuando ingresan a trabajar por primera vez. La investigación, a cargo de la Universidad Alberto Hurtado e inserta dentro del marco del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (Ceppe, que lidera la Universidad Católica) pretende seguir por tres años a 11 profesoras de enseñanza básica durante sus primeros años de ejercicio. Hasta ahora van dos años de entrevistas y filmaciones a las clases de las profesionales, las que provienen de distintas casas de estudios y están insertas en diferentes contextos: colegios particulares subvencionados, municipales y particulares pagados forman parte del estudio. “Miramos y distinguimos los tipos de conocimientos que están aprendiendo los profesores en estos primeros años”, explica Andrea Ruffinelli, de la Facultad de Educación de la UAH. “Por ejemplo, conocimiento práctico. Te empiezas a dar cuenta que el contexto muchas veces limita la acción pedagógica. Es decir, ir a determinado tipo de escuela va a restringir lo que haces porque significa adaptarse, por ejemplo, al tipo de estudiantes al que te enfrentas. Si se trata de alumnos vulnerables, en muchos casos hay que pasar menos materia y exigirles menos para que rindan más. Pero claro, aquí se genera un conflicto que no siempre se trabaja en la universidad, que es que al mismo tiempo, te empiezan a pedir resultados en pruebas estandarizadas”, indica. Muchos de los colegios, además, piden una metodología específica de trabajo, lo que limita la posibilidad de poner en práctica lo que enseña la academia. “Exigen enseñar con cierto libro y hacer las clases de tal manera. Y eso hace que de alguna forma, lo que se aprende en la universidad quede a modo de stand by . Durante la formación general, los profesores aprenden metodologías participativas; que los niños indaguen e investiguen por sí mismos, que hagan hartas preguntas, que exista un ambiente interactivo en clases. Pero cuando llegan a trabajar, el interés por los estándares y la rendición de cuentas hace que el foco sea otro, uno mucho más expositivo”, indica Ruffinelli. “Entonces hay un contrasentido entre lo que se aprendió y lo que el colegio finalmente exige”. Estudiar a la par Ese no es el único choque entre lo que se instruye en la universidad y lo que después se pide en la sala de clases, concluye esta primera parte del estudio. Muchos profesores sienten que su conocimiento disciplinario es débil, por ejemplo. “Se sienten muy pobres en contenidos como Matemáticas y Lenguaje. En ese primer año se dan cuenta que tienen poco manejo y lo que hacen, en general, es ponerse a buscar cosas por internet. Otros aprenden directamente de los textos escolares, leyendo el libro de los niños. Aunque en alumnos titulados de universidades selectivas ocurre menos, todos suelen buscar este tipo de soluciones”. Una de las profesoras entrevistadas, que van desde primero a octavo básico, lo ve así: “Siento que mi nivel de manejo de contenido lo he hecho yo, no es que venga arraigado, aunque yo aprendí en el colegio muchas cosas. Pero realmente todo lo que manejo en estos momentos es porque lo tengo que estudiar antes de enseñárselos a mis niños”. Pasos a seguir “Una de las conclusiones de este primer estudio es que se hace necesario que universidades y colegios dialoguen el uno con el otro. Hay que mirar en profundidad qué es lo que queremos en cuanto a educación, más allá de la inmediatez de los resultados PSU o Simce”, opina la investigadora Andrea Ruffinelli. “Se necesita un debate profundo con respecto a qué hacer y cómo hacerlo. Y con eso se entiende que no es seguir lo que uno solo quiere, porque cada uno tiene su razón para hacer lo que hace. Lo que pasa es que hace falta retroalimentarse”, comenta. Un mal equilibrio entre lo que se estudió y lo que finalmente se exige puede llevar a una frustración posterior, cree la especialista. La realidad no es una ajena a la docencia, donde “cerca del 40% de los profesores deserta al quinto año de ejercicio”. Funte: El Mercurio  

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