¿Han logrado los cursos en línea transformarse en la nueva revolución educativa?

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Aunque el concepto a veces se entiende como sinónimo de acceso para todos, se debe prestar mayor atención a tópicos como la deserción y la colaboración entre países al definir la materia. curso en linea“Estudia, diviértete, descubre una nueva pasión y aprende sobre disciplinas que pueden cambiar tu vida”. Con esta frase se promociona en internet el sitio de edX, la plataforma de clases en línea fundada en 2012 por el Instituto de Tecnología de Massachusetts y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. De forma gratuita, bajo la supervisión de profesores de los establecimientos suscritos, desde cualquier parte del mundo se puede formar parte de cursos como Introducción a la Aeronáutica, Ciencia de la Cocina o Apreciación del Jazz. El sitio web es el mismo que destacó la cadena de noticias Bloomberg. Bajo el título “95% de quienes se registran en los cursos en línea de Harvard y MIT terminan botándolos”, se daba a conocer que del total de 841.687 alumnos inscritos en 17 clases ofrecidas entre 2012 y 2013, solo 43.196 las habían terminado de forma efectiva. Un tercio de las personas ni siquiera llegaron a revisar la materia que se subía a la plataforma. Guías Aunque el caso específico de edX fue justificado por sus creadores como una alternativa que todavía estaba en etapa de experimentación y que muchos -por desconocimiento- usaban como apoyo para sus materias universitarias (metiéndose de vez en cuando y solo cuando lo necesitaban) no cabe duda de que en el último tiempo la deserción ha sido un dolor de cabeza para gran parte de los cursos masivos en línea, concordaron los especialistas que durante la Cumbre Mundial de Innovación en Educación abordaron el tema. En el panel “¿Pueden los Moocs (sigla en inglés con la que se conoce a este tipo de clases) democratizar la Educación Superior?”, Francisco Marmolejo, coordinador de Educación Superior del Banco Mundial, destacó el hecho de que “claramente, la gente tiene ganas de aprender”. Pero, continuó Pai Obanya, presidente del Consejo de Examinadores de África Occidental, esas ganas muchas veces se ven truncadas “cuando hay obstáculos de celeridad. Muchas veces se crean cursos a toda velocidad sin considerar los elementos necesarios”. Entre esos elementos están que las clases no “entreguen contenido a modo de “biblia”, con cientos de textos por leer y nada más. El usuario, más bien, debe poder analizar y ver lo que se le ofrece como una guía”, explicó. En este sentido, conviene contar con videos interactivos o sistemas que permitan una retroalimentación constante entre el profesor y sus alumnos. “Se debe recalcar la pedagogía antes que los aspectos de márketing”, arremetió Obanya, quien también abogó porque exista una mayor colaboración entre países a la hora de crear contenidos. “No se trata de que alguien fuera de Estados Unidos solo se dedique a leer traducciones”, dijo a la audiencia que lo escuchaba en Qatar, donde se llevó a cabo el seminario que reunió a más de mil especialistas en educación. Mayor impulso En ese sentido, Cristián Ocaña, director ejecutivo de Edutic -grupo de profesionales chilenos ligados a instituciones de Educación Superior preocupados de fomentar el uso innovador de la tecnología en las aulas- cree que Latinoamérica tiene que avanzar en sacar provecho al conocimiento de la región, sin necesariamente copiar lo que viene de otros lados. “Cuando encuentras una oferta en español, se tiende a asociar con algo de menor calidad, porque se asume que es algo extranjero que se ha castellanizado. Y es que en Latinoamérica somos más seguidores que impulsadores, nos cuesta ir más allá si hay riesgos, y tendemos a la burocracia”, explica. De cualquier forma, en Chile se avanza “haciendo pruebas más elaboradas en ciertas universidades, aunque todavía no de forma tan masiva. Hoy en día, las instituciones que tienen localizaciones geográficas como San Carlos de Apoquindo, que muchas veces no coinciden con la ubicación de los estudiantes de Maipú o La Florida, tratan de empatizar generando contenido base que después se distribuye a través de la red”. Otras instituciones como la U. Católica, la U. Adolfo Ibáñez y la U. Central también han realizado cursos gratuitos y masivos en línea. Estos han sido Moocs centrados en Ingeniería Industrial, de innovación y emprendimiento escolar y de iniciación a las Ciencias Sociales, respectivamente. Aunque recientes, estas pruebas suponen un aporte importante, creen los especialistas. “Bien hechos, los cursos en línea son un aporte al avance; un escalón más. Si bien hay que tener en cuenta que este es un fenómeno incipiente y que hay que dejar que madure para ver sus efectos, hay pruebas que muestran que si son bien implementados pueden mejorar el aprendizaje y abren nuevas oportunidades de acceso”, cree Pai Obanya. Para que eso resulte se requiere de instrucciones claras, actualizaciones constantes y profesores bien capacitados para enseñar a través de la web. “Y es que no hay que verlo como algo que va a romper el sistema, sino algo que puede complementar lo que conocemos de buena manera”. Programas Para quienes quieren comprometerse a seguir alguno de los muchos cursos que se ofrecen en línea, existen varias opciones que agrupan materias: www.coursera.org , creada por académicos de la U. de Stanford. www.edx.org , ligada al MIT y la U. de Harvard. www.udacity.com , también surgió de la U. de Stanford. www.khanacademy.org , se centra en materias escolares. Aunque la mayor parte del contenido de estos sitios es en inglés, en español una buena opción es www.miriadax.net Fuente: El Mercurio

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