Luis Linzmayer: Infancia y la escuela

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Niños-escuelaLa infancia es una etapa en la que nos preparamos para el resto de nuestra vida. Todo lo que se aprenda allí será usado en el futuro, así como lo que no se aprenda nos dificultará. Pensando así, cabría entonces a la escuela la responsabilidad de dar al niño o niña las herramientas necesarias para que en ese futuro pueda desarrollarse. He ahí el problema: niños que frecuentan escuelas pobres tienen casi marcado un futuro de pobreza. Y, muchas veces, a la pobreza material le acompaña una pobreza de espíritu. Es en la infancia donde aprendemos a ser fuertes, valientes o temerosos. A algunos les asiste el poder de la resiliencia, pero la gran mayoría tiene marcado su destino. Por ello la escuela tiene como misión superar su materialismo, asistencialismo y funcionalismo. El Estado subsidiario no lo hace mal en ese sentido. Mientras continúe subsidiando la educación y no otorgándola como un derecho, con gratuidad y calidad, sus hijos seguirán siendo discriminados por el lugar y la hora en la que nacen. Los que logran vencer las zancadillas del destino pobre, les deben prácticamente toda una vida de sacrificio a sus padres. Fue en la infancia de estos niños pobres que se anidó en sus corazones un aroma a resentimiento. No desean estar allí, pero la vida los golpea y pocos se detienen para ayudarles. El niño o niña no sabe esto. No sabe que su infancia es una preparación para el futuro. Tampoco sabe que los adultos somos los responsables de asegurar ese futuro. El niño juega, se divierte con lo que puede o tiene, vive mundos de fantasía. Sueña que se encumbra sobre las nubes, galopando arcoiris, riéndose a su manera de las cosas que no entiende. Busca entre esos sueños un camino. Una luz que ilumine ese sueño. Fuente: La Discusión

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