Vicky Colbert: “Si un profesor de hace 100 años se parara en un aula hoy, no se sentiría perdido”

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La directora de la Fundación Escuela Nueva – Volvamos a la Gente, distinguida en la última Cumbre Mundial de Innovación para la Educación, promueve que los colegios se actualicen fomentando los trabajos en grupo y el diálogo constante.   Margherita Cordano F.

kinder“Nada se puede alcanzar si no hay educación de calidad detrás: ni desarrollo social, cultural o económico. De ahí que bajo mi visión, la única forma de construir ciudadanía y fomentar el comportamiento pacífico sea a través de una buena educación”, se escuchaba decir a Vicky Colbert en uno de los videos que en noviembre de 2013 se transmitió en el auditorio del Centro de Convenciones de Doha, en Qatar.

Frente a la proyección, los más de mil asistentes que en ese entonces participaban de la quinta Cumbre Mundial de Innovación para la Educación (WISE, por sus siglas en inglés) escuchaban en silencio. Por meses se había mantenido en secreto la identidad de la persona galardonada con el Laurel WISE 2013 -informalmente conocido como el premio Nobel de Educación- y era a través de estas imágenes que se daba a conocer su nombre.

Vicky Colbert, socióloga y educadora colombiana, fundadora hace 30 años de la Fundación Escuela Nueva – Volvamos a la Gente, se transformaba entonces en la primera mujer acreedora del premio, además de la primera latinoamericana en recibir los 500 mil dólares que otorga la Fundación Qatar a los ganadores. El Laurel, que se entrega hace tres años, es el máximo reconocimiento que conceden los organizadores de la conferencia a quienes contribuyen a mejorar las prácticas pedagógicas alrededor del mundo.

Diálogo

Todavía halagada por el reconocimiento, la educadora explica a “El Mercurio” que está contenta porque el premio es una forma de dar mayor vitrina a Escuela Nueva, la iniciativa que creó a mediados de los 70 con el fin de mejorar la forma en que se enseñaba en las escuelas rurales de Colombia, que en su mayoría eran unidocentes.

El modelo -vigente hoy en países como El Salvador, Honduras y Perú- plantea que no todos los niños tienen el mismo ritmo de aprendizaje y sugiere la práctica de una pedagogía más personalizada, donde se estimule el diálogo y el trabajo en grupo. “Donde se discuta y no haya que aprender todo de memoria”, explica Colbert.

Y prosigue: “Solo con reforzar vínculos empiezas a mejorar eso que está tan presente en las escuelas más pobres de Latinoamérica; maestros desmotivados, el método tradicional de tener a un docente que dicta y habla todo el tiempo, ningún lazo del establecimiento con la comunidad, entre otros”.

La manera de enseñar en algunos sectores vulnerables es tan poco innovadora, dice Colbert, “que si un profesor de hace 100 años se parara en un aula hoy, de seguro no se sentiría perdido. Los cambios han sido bastante pocos”.

Mirar a los ojos

Los principios de la Fundación Escuela Nueva parecen comunes, pero antes de que Colbert se internara en la selva buscando a profesores a los que ayudar mediante capacitaciones, era poco común ver estas prácticas insertas en las zonas más vulnerables de Colombia. “Se aplicaba en las escuelas de mayores recursos, pero no en los sectores poco urbanos y alejados. Las escuelas y docentes rurales eran prácticamente invisibles”.

Entre las propuestas del modelo se encuentra el que las mesas de las salas no estén alineadas en fila, sino que formen círculos que permitan a los alumnos mirarse a los ojos, lo que fomenta un intercambio de ideas más fluido. Por la misma razón es común que los docentes se paseen constantemente por los alrededores del aula.

“No queremos que todos les estén mirando la nuca todo el tiempo”, dice Colbert entre risas.

Otras ideas son sumar a las clases tradicionales -Matemáticas o Ciencias, por ejemplo- horas de conversación donde se discutan temas en torno a cómo cultivar una buena autoestima, la importancia que tienen las mujeres en el mercado laboral y lo necesario que es capacitarse y estudiar para surgir en la vida. Este último tópico es particularmente importante en regiones poco urbanas, donde es común que los niños falten al colegio en época de cosechas o por falta de transporte.

“Son acciones que convierten problemas complejos en algo más fácil de abordar. Cualquier profesor, no importa donde esté, puede hacer alguna de estas cosas. Finalmente consiste en saber que así como es importante aprender de números, es necesario que tus alumnos sepan interactuar con otros. Se trata de una habilidad vital en el siglo XXI”, dice la educadora.

Fuente: El Mercurio

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