Atilio Pizarro: Todavía hay mucho que recorrer para alcanzar una mejor educación en el mundo

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Si bien en Chile la cobertura escolar es prácticamente universal, aún es necesario trabajar en pos de la equidad, concluye un informe elaborado por la organización internacional.   Margherita Cordano

atilioA fines de enero, la Unesco dio a conocer su Informe de Seguimiento de la Educación para Todos (EPT) en el Mundo. Se trata de un estudio que busca ver cuánto y cómo se ha ido avanzando en relación a los objetivos planteados en el Foro Mundial sobre Educación celebrado el año 2000 en Dakar, Senegal.

“Los informes mundiales de seguimiento de la EPT han venido realizándose anualmente desde 2002. En los informes 2011 y 2012, ya se vio con claridad que los objetivos a escala mundial no se alcanzarían antes de que concluya el 2015: aun cuando los países han realizado progresos en la consecución de los objetivos fijados, demasiados seguirán estando lejos de alcanzarlos”, explica Atilio Pizarro, jefe de la sección de Planificación, Gestión, Monitoreo y Evaluación de la Oficina Regional para América Latina (Orealc) de Unesco.

Así por ejemplo, la meta de atención a la primera infancia se ve disminuida ante datos como que el 50% de los jóvenes tiene acceso a la enseñanza preescolar. Ese porcentaje es de solo un 17% en los países de bajos ingresos.

En cuanto a la educación media, en el mundo son 69 millones los adolescentes no escolarizados, mientras que los adultos analfabetos suman 774 millones, representando una disminución del 1% desde el año 2000.

Caso local

De todo el gasto en enseñanza primaria, un 10% se pierde en educación de mala calidad que no logra garantizar el aprendizaje. De ahí que una de las conclusiones del informe sea que los buenos docentes son claves en la mejora.

“Disponer de buenos profesores implica una formación inicial de calidad que conjugue conocimientos disciplinarios y competencias pedagógicas, asegurando que todas las instituciones formadoras cumplan con estándares de calidad, un fuerte apoyo a los docentes durante sus primeros pasos en la actividad profesional, oportunidades de formación continua a lo largo de su trayectoria, reconocimiento de su labor y estímulos a su mejora permanente a través de remuneraciones justas, incentivos y condiciones de trabajo adecuadas”, opina Pizarro.

Consultado por América Latina, el investigador cree que “aunque la región presenta un inminente progreso en el acceso a la educación, no ha habido un progreso similar en el mejoramiento de la calidad, lo que afecta especialmente a los individuos y grupos más vulnerables”.

En ese sentido, Chile aparece en el reporte como un país donde la disparidad se vuelve preocupante en 8° básico, con un 44% de los alumnos de menos ingresos alcanzando niveles mínimos de conocimiento. En los estudiantes de más recursos, un 77% los alcanza.

“El informe señala que en Chile, la disparidad entre ricos y pobres se vuelve más patente en los últimos grados”. Además, sugiere que “las reformas no han podido reducir las inequidades e incluso pueden haberlas aumentado, haciendo que los estudiantes salgan a las calles a protestar por cambios”.

Pizarro cree que “un elemento a considerar en este análisis es la contribución de los hogares como fuente de financiación de la educación. Una clasificación de la OCDE para el gasto en educación -que permite establecer comparaciones entre los países- muestra que en Chile, en la enseñanza primaria y secundaria, los hogares aportan con más del 20% del gasto total en educación”.

Así, “según el informe, la experiencia en Chile de ampliar la escolarización privada a gran escala acentuó la desigualdad de acceso a una educación de calidad, provocando un sentimiento de insatisfacción generalizada. En todos los casos en que esto sucede, se corre este riesgo si esa expansión acarrea un empobrecimiento de la calidad de los establecimientos de enseñanza pública que prestan servicio principalmente a personas más desfavorecidas”.

De cualquier forma, agrega el investigador, “Chile cuenta con un sistema que garantiza 12 años de escolaridad obligatoria y gratuita, lo que ha permitido alcanzar una cobertura en primaria y secundaria prácticamente universal. Además, en las últimas dos décadas se han logrado avances notables en materia de acceso a la educación superior”.

Su conclusión, entonces, es que más que incrementar la cobertura, el desafío actual del país es apuntar a mejorar la calidad y equidad de la educación.

Fuente: El Mercurio

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