Incluir y no solo integrar es la tarea pendiente hacia niños con necesidades educativas especiales

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Aunque son cada vez más los colegios que se atreven a incorporar alumnos con dificultades tanto transitorias como permanentes, todavía es necesario que el tema se hable más allá de las familias involucradas y de los encargados de implementar distintos planes de apoyo.   Margherita Cordano F.

elmercurioCuando a Robinson Fuentes (18) se le pregunta por su ramo favorito en el colegio, Viviana Orellana, su mamá, no puede evitar reír. “Pensamos que nunca iba a aprender a leer, mucho menos a sumar”, dice antes de que su hijo responda que le gustaban las clases de Lenguaje y Matemática.

Y aunque las Ciencias nunca fueron su mejor aliado, Viviana explica que Robinson nunca dejó de participar de asignaturas como Química o Biología. El mismo compromiso mostró con las tareas: siempre estuvo preocupado de entregarlas todas.

“En octavo pensé en retirarlo del colegio, pero los profesores me dijeron que creían que iba a ser capaz de pasar de curso. Probamos unos meses y efectivamente nos mostró que captaba gran parte de lo que le enseñaban. Este año, entre aplausos, Robinson se tituló de cuarto medio”, cuenta su orgullosa mamá.

Robinson Fuentes nació con Síndrome de Down a mediados de los 90. A los 10 días de su nacimiento comenzó a participar de un establecimiento especial para niños con su condición y al cumplir tres años se integró a un jardín de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), donde compartió con niños sin su diagnóstico. Terminada esta etapa, en su familia decidieron matricularlo en el Complejo Educacional Consolidada, de Puente Alto, donde recibió el constante apoyo de la Escuela Especial Creación, de la misma comuna.

Mientras estaba en clases, a Robinson lo acompañaba una educadora diferencial que lo ayudaba a realizar, a su ritmo, las mismas tareas que le exigían a sus compañeros, todos sin Síndrome de Down.

Trabajo conjunto

“Cuando un niño con necesidades educativas especiales se integra en la sala de clases regular, no solo gana ese niño, ganan todos sus compañeros y compañeras y gana toda la comunidad educativa”, cree la ministra de Educación, Carolina Schmidt.

“Como Gobierno hemos hecho grandes esfuerzos de incentivar que cada vez más colegios cuenten con un Programa de Integración Educativa (PIE). Si el año 2009 había alrededor de 2 mil 900 establecimientos con PIE, este año llegaremos a contar con 5 mil establecimientos de este tipo en Chile, lo que significará pasar de 38.625 niños con necesidades educativas especiales beneficiados con estos programas en 2009, a 253.270 en 2014. Hemos avanzado fuertemente en esta línea, pero sabemos que si queremos alcanzar una real inclusión en nuestro sistema escolar y en nuestra sociedad, queda mucho por hacer”, agrega.

Para avanzar en este sentido, el Mineduc encargó al Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile un estudio que analiza la situación de establecimientos que han incorporado estudiantes con Necesidades Educativas Especiales (NEE) Transitorias -como trastornos específicos de lenguaje y dificultades de aprendizaje; dislexias y discalculias, entre otras- y tienen programas de integración.

“Vimos que hay una especie de ambivalencia. Se han conformado los equipos que se exigen para poder trabajar con alumnos con necesidades educativas especiales y hay cada vez más escuelas ingresando a la política. Sin embargo, hay otra cara que tiene que ver con actitudes inclusivas, con tener reflexiones y prácticas de sensibilización hacia la comunidad; que los profesores cambien sus prácticas de aula y sean capaces de trabajar con otros profesionales dedicados a esta área específica. Falta aportar para que se haga un trabajo conjunto en función de la diversidad, que no aparezca como algo aislado”, explica Javiera Marfán, autora del estudio.

Entre otras cosas, el informe da cuenta que los recursos de la subvención PIE se estarían usando para contratar profesionales, seguido de la incorporación de material educativo y la capacitación de actores escolares. “Se priorizan gastos en contratación de profesionales que diagnostiquen y trabajen con estudiantes, asegurando la operación de PIE. Pero no son prioridad los gastos en aspectos vinculados al fortalecimiento de la calidad del trabajo docente y directivo en torno a necesidades educativas, que permitan que PIE sea una política que efectivamente contribuya al aprendizaje de todos los estudiantes”, resalta el texto.

Se agrega que “en general los equipos PIE, a pesar de haber logrado instalar prácticas y objetivos asociados a la integración, suelen trabajar en forma de islas y sin mayor vínculo con otros profesionales de la escuela”.

Debilidades

Para María Soledad Abarca, directora de la Escuela Especial Creación de Puente Alto y coordinadora del programa de integración escolar de la corporación municipal de esa comuna, es recomendable que las facultades de Pedagogía aborden de forma más exhaustiva el tema.

“En el educador diferencial la debilidad es contar con herramientas para atender estudiantes en la misma sala. Probablemente pueden hacerlo de manera individual o en pequeños grupos en una sala de recursos, pero se les hace difícil ir más allá”.

En cuanto a los profesores de básica y media, Abarca piensa que “falta apertura, sacarse la idea de que uno trabaja solo y permitir la incorporación de otro profesional a la sala. Es cambiar de cultura y entender que se puede planificar juntos”.

No es fácil, especialmente cuando las necesidades no son transitorias. “Los profesores están asustados. Con mi familia nos dedicamos a buscar colegios que quisieran integrarme y fueron muy pocos los que se atrevieron”, explica Juan Pablo Marambio (23), quien presenta una ceguera que lo califica como estudiante con NEE Permanentes.

Después de un año de haberse retirado de una escuela especial para ciegos, Juan Pablo llegó a un colegio de la Fundación Belén Educa en La Pintana. “La noche anterior a entrar no dormí de nervios. Por suerte después todos me incluyeron y me hicieron creer en mi capacidad”, dice.

El colegio a Juan Pablo le entregó textos en Braille y le permitió usar su computador como apoyo para actividades. Y aunque en un principio lo sacaban de clases, cada vez fueron menos las veces que debía retirarse.

Fuente: El Mercurio

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