Premio Nacional de Educación 2013: Las lecciones de Beatrice Ávalos

0
5

Durante seis años la académica e investigadora del Centro de Investigación Avanzada en Educación de Universidad de Chile, trabajó en Papúa Nueva Guinea en la consolidación de la Facultad de Educación de la Universidad estatal de ese país de la Melanesia. Ahí Beatrice Ávalos -quien se interesó en proyectos para países en desarrollo- formó nuevos docentes entre alumnos provenientes de grupos tribales y fortaleció su vocación.

Beatrice.Avalos-webPor Juan Luis Salinas T.  Hace unos meses Beatrice Ávalos recibió en su cuenta de Facebook un mensaje de un antiguo alumno. Le escribía de Londres donde estaba terminando un magíster en Educación y quería contactarse con quien lo había preparado como profesor en la Universidad Nacional de Nueva Guinea, a comienzos de los años 90. Al principio no reconoció al hombre de piel oscura y pelo ensortijado que con un agradecido mensaje le recordaba que ella había sido su profesora de tesis, y le contaba que durante 2014 volvería a su país para integrarse como académico a la misma universidad donde había estudiado. Fue una sorpresa. Pero no es el primer alumno de Nueva Guinea que se contacta conmigo. Hay una alumna que ahora es profesora en el poblado en que nació, que también me cuenta de su vida comenta Beatrice en su departamento donde conserva piezas de artesanía, pinturas y fotografías de la época que trabajó en Nueva Guinea. Ese jarrón de cerámica me lo regaló el padre de un alumno que era originario de una tribu de las tierras altas de la isla. Era un hombre muy sencillo que venía de un lugar que mantenía costumbres ancestrales, y estaba muy agradecido y orgulloso por lo que había logrado su hijo. Y me regaló la vasija a modo de retribución dice la académica que recibió el Premio Nacional de Educación 2013 y que se desempeña como investigadora asociada del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile. Beatrice fue reconocida por su contribución en el ámbito de la formación docente, uno de los elementos clave en el desarrollo de la educación chilena. Una labor académica que ha desarrollado tanto en Chile como en distintas universidades de Gran Bretaña, Canadá y, especialmente en, Papúa Nueva Guinea. En este país una isla entre Asia y Oceanía, que está dividida en sectores: Nueva Guinea Occidental, que pertenece a Indonesia, y el Estado Independiente de Papúa Nueva Guinea, que se independizó de Australia en 1975 Beatrice Ávalos vivió durante seis años. A esta región de la Melanesia llegó a mediados de los 80, luego de trabajar durante una década como académica de la Facultad de Educación en University College Cardiff, una de las principales casas de estudios superiores de Gales. Fue un cambio de paisaje en todo sentido. De la solemnidad y un clima más frío, pasé a un lugar exótico y en desarrollo. Papúa Nueva Guinea fue el punto final del periplo que Beatrice inició en 1974, cuando aceptó una invitación del gobierno británico para pasar un tiempo como profesora visitante en la University College Cardiff. Entonces, esta profesora de Historia y Geografía titulada a mediados de la década del 50 en la Universidad Católica, y que a los 26 años obtuvo un máster en Educación en la Universidad de Saint Louis, Estados Unidos ya contaba con una sólida carrera académica. Además de formar futuros profesores en la Universidad Católica, también había participado en la fundación del Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE) que se inició luego de la reforma de esa universidad, y paralelamente coordinaba las sedes regionales de la UC. Yo establecí un Magíster de Educación en la Universidad Católica con apoyo del gobierno británico y en 1974 me invitaron como profesora visitante en Gales. Estuve dos años allá y decidí quedarme. No me gustaba lo que estaba ocurriendo en Chile en esa época y no tenía ganas de regresar. En 1975 su hermano Alejandro, quien era profesor de Inglés y con quien compartía un departamento en Almirante Barroso, fue detenido y luego desaparecido. Fue un golpe tremendo para la familia y eso me hizo postergar mi vuelta a Chile. Ese año tenía que haber regresado, pero por consejo de mi madre no lo hice. Además, gané un concurso para ocupar un puesto como profesora titular en Gales y durante una década seguí mi vida académica en Inglaterra explica Beatrice, quien en Gran Bretaña también conoció a su marido, quien era profesor y luego ocupó el puesto de rector de la universidad. Él quien murió a fines de los 80 fue el principal inspirador para que Beatrice se atreviera a incursionar en un proyecto educativo como el que se estaba realizando en Papúa Nueva Guinea. Su marido en los inicios de su carrera había trabajado en África y tenía un especial interés por colaborar en la formación docente de países en desarrollo. Durante mi época como académica en Gales tuve contacto con muchos alumnos que venían de estos países y además, en paralelo, había ido a trabajar a Canadá en proyectos de este tipo. Por lo mismo, la idea de ayudar en el proceso educacional de países más pobres era un área que me interesaba dice Beatrice, quien a fines de 1983 había decidido buscar nuevos horizontes. No estaba de acuerdo con las reformas educacionales que propiciaba Margaret Thatcher y como hacía poco que su marido había jubilado, ella estaba dispuesta a realizar un cambio. Fue entonces cuando encontró en las páginas del Times el anuncio de un concurso para un cupo académico en la Universidad de Papúa Nueva Guinea. Postuló y a los pocos meses estaba viajando para una entrevista en Port Moresby, la capital del país. Beatrice se quedó con la cátedra. El desafío, asegura, le resultó interesante en todos los sentidos. Por la oportunidad de trabajar en un país que hacía poco había adquirido su independencia, de colaborar en el desarrollo de una universidad, que estaba conformada por un 70 por ciento de profesores provenientes de todas partes del mundo, y con alumnos que venían de tribus con distintas costumbres, con idiomas distintos entre sí y que tenían enormes deseos de formarse como profesores para apoyar a sus propias comunidades. Nueva Guinea es un país tribal y depende de la geografía la caracterización de sus habitantes. La gente de las tierras bajas, cercanas al mar, históricamente han tenido más contacto con la civilización y son más abiertos a la cultura occidental. La gente de las tierras altas es más tribal, tienen una tradición más guerrera, pero al mismo tiempo más trabajadora y emprendedora. En ese contexto se daba un modelo de universidad muy especial, con un grupo de estudiantes que habían dejado atrás una forma de vida muy básica para ingresar a la universidad y comenzar una vida diferente. Beatrice Ávalos terminó sus estudios secundarios en el Liceo 7 de Providencia en 1951. Tenía 16 años cuando rindió el bachillerato. Obtuvo un puntaje que le permitía postular a varias carreras. Su primer interés fue matricularse en Derecho, pero su madre, una inglesa que se había casado con un ingeniero chileno, la hizo cambiar de idea. Ella consideraba que tenía que aprovechar que hablaba inglés perfectamente, porque siempre lo habíamos hablado en mi casa. Creía que yo podría ganar más plata si entraba al Instituto Chileno Británico y estudiaba dactilografía y taquigrafía y así podía ser una secretaria bilingüe. No me quedó otra opción recuerda. En marzo sus planes variaron. Mientras estaba en la fila para buscar el resultado del bachillerato se encontró con un amigo que la invitó a acompañarlo a matricularse en la Universidad Católica. Beatrice no tiene claro cómo terminaron conversando con el vicerrector académico de la época, quien la convenció de matricularse en Pedagogía en Historia, carrera que entonces se dictaba por la tarde y que no interfería con los deseos maternos de que durante la mañana se preparara como secretaria. Cuando terminé la carrera de pedagogía me ofrecieron postular a una beca Fullbright y me fui a hacer mi postgrado a Estados Unidos. Aunque en un momento pensó que podía dedicarse a la investigación, la pedagogía fue un área que comenzó a interesarle a medida que avanzaba en sus estudios universitarios y tenía cercanía con la docencia. De hecho, al egresar de la carrera trabajó durante un tiempo en el Colegio Mariano de Providencia. En 2013 Beatrice además de ganar el Premio Nacional también publicó el libro “¿Héroes o villanos? La profesión docente en Chile”, que recoge las opiniones de más de dos mil profesores y profesoras que trabajan en establecimientos de educación básica y media del país. Al respecto es clara: Si no le viera futuro a la educación en este país estaría en mi casa sentada, leyendo libros. Pero es un proceso largo y creo que hay mucha desesperación de los políticos porque esto sea rápido. La idea es tener políticas de mediano plazo. Que no dependan de un gobierno. Y que se trabaje desde la base, es decir mejorar la calidad en la formación de los docentes, mejorando las condiciones de trabajo de los profesores. Si hacemos todo eso, vamos a notar cambios. Pero no se trata de cambios que serán notables de un año para otro. En numerosas investigaciones y publicaciones que ha firmado en el extranjero se la presenta como Beatrice Avalos-Bevan. Me casé en Gran Bretaña y allá es común que las mujeres adopten el apellido de su marido. Yo preferí ponerle un guión y añadirlo a mi apellido original. En Papúa Nueva Guinea estuvo hasta 1994 y, además de ayudar a consolidar la Facultad de Educación, participó en el desarrollo de las políticas educativas en conjunto con el Ministerio de Educación de ese país. La totalidad de mis alumnos venían de sus tribus y nunca perdían el contacto. Cada vez que podían volvían a sus lugares de origen para participar en festividades y en casi todos los casos tenían una suerte de compromiso tácito de volver a enseñar a sus pueblos, porque esos grupos reunían dinero para financiar su educación. Era entendido como una retribución. Y no sólo se trataba de regresar, también tenían que una vez titulados ayudar económicamente para que otros jóvenes de sus grupos pudieran hacer el mismo camino que realizaron ellos. Beatrice Ávalos comenta que esta dualidad era compleja para muchos alumnos, quienes salían de un lugar lleno de limitaciones para integrarse a un mundo nuevo. Era emocionante ver cómo estaban dando un salto tremendo. A los cuatro años de su llegada a Port Moresby, su marido murió repentinamente. Tuvo una embolia en medio de un viaje a Inglaterra, aún así Beatrice se quedó en la isla por otros dos años. En 1994 decidió volver a Chile. Sintió que ya había terminado su etapa de itinerancia. Mientras vivió fuera de Chile mantuvo contacto con amigos como Cristián Cox, quien la invitó a hacerse cargo de un programa que estaba desarrollando y, al mismo tiempo, la llamó el ministro de Educación de la época Ernesto Schiefelbein. En Chile se ha instalado la idea de la solución al problema de la educación mediante pruebas. Es terrible. Yo no estoy diciendo que no tengamos pruebas, pero estas deben hacerse para medir períodos razonables. Ya sabemos que hay colegios que preparan clases Simce y pruebas con las que se evalúa la calidad de los profesores. Fui testigo de lo que realizó una universidad a la que le fue mal en la Inicia en 2012 y decidió entrenar a sus alumnos y egresados para esta prueba y logró superarla. Esos cabros no cambiaron su formación en un año, les fue bien a punta de entrenamiento, no a punta de formación. Esa cuestión es grave. Beatrice sigue en contacto con sus antiguos colegas de Gales y Nueva Guinea. Hace poco recibí una carta de un gran amigo, un ex colega de Gran Bretaña, quien ha trabajado en todo el mundo y que ahora vive en Singapur. Y me dice: ‘Aquí a los países asiáticos les ha ido regio en las pruebas, pero la gente gasta un ojo de la cara en clases particulares para que los niños puedan rendirlas’. Entonces, te das cuenta de que la presión es fuertísima y que las cosas no son como antes. La académica interrumpe su conversación y hace una reflexión: Cuando yo inicié mi carrera las cosas eran diferentes. Entonces había otra visión de los profesores, eran una figura más respetada. Los profesores de los liceos eran buenos, les tomaban los exámenes a los alumnos de los colegios particulares. Era al revés de lo que sucede hoy en día: Había prestigio en la educación pública. MUCHOS DE LOS ALUMNOS DE BEATRICE EN NUEVA GUINEA VENÍAN DE TRIBUS. “ERA EMOCIONANTE VER CÓMO ELLOS ESTABAN DANDO UN SALTO TREMENDO”. Fuente: Revista Ya

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here