El estímulo familiar antes de los cuatro años es fundamental para el aprendizaje futuro

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Los estudios muestran que la brecha educacional entre niños de distintos contextos sociales se puede reducir si se motiva a los padres a hacerles preguntas, cantarles y leerles de forma constante. Incluso si ellos todavía no identifican ni una letra.   Margherita Cordano F. 

niñosPara ejemplificar por qué es importante que los padres canten a sus hijos desde que nacen, Iram Siraj entona una melodía. En ella se cuenta la historia de cinco ranas, las que una a una van saltando al agua. “Una se tiró a la piscina, que estaba muy agradable. Entonces quedaron cuatro”, repite el coro, cuyas primeras estrofas riman cuando se pronuncian en inglés.

“Además de acercarlos a la aritmética, en las canciones infantiles hay mucha aliteración, lo que tiene que ver con entender sobre letras, sobre cómo las palabras comienzan y terminan. Así los niños se acostumbran a lo que llamamos una conciencia fonológica, empiezan a notar que el sonido se relaciona con letras y palabras. Si ese conocimiento no lo tienes a los cuatro años, a los seis vas a tener problemas para leer. Eso lo aseguro”, indica confiada.

Su certidumbre no parece casual: por más de 25 años, Siraj ha trabajado como académica de las universidades de Londres y Warwick (Reino Unido), lugares donde se ha dedicado a investigar sobre el aprendizaje preescolar, su manejo en contextos de vulnerabilidad y la forma en que las familias pueden apoyar la labor de las educadoras de párvulos.

Invitada por el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE), esta semana la especialista participó en el congreso “Educación Infantil como un Derecho; Avances, desafíos y dilemas”, que se llevó a cabo en la Universidad Diego Portales. En el país, Siraj comentó parte de lo que han evidenciado sus estudios: “Buscando descubrir por qué algunos niños de clase social baja vencían la adversidad y destacaban a futuro, vimos que lo que marcaba una diferencia era lo que los padres hacían con ellos antes de cumplir los tres o cuatro años. Notamos que es fundamental leerles, llevarlos a que conozcan una biblioteca, cantar, incentivarlos a dibujar y pintar, hablar con ellos y dejarlos jugar una a dos veces a la semana con niños de su edad”.

La conclusión va más allá. “Estas cosas no solo hacen la diferencia en el desempeño de los primeros años de colegio. Aprendimos que el estímulo de los padres a los tres años, por ejemplo, se transforma en una ganancia que se mantiene a los 7, a los 11, a los 14 y a los 16. Los efectos no desaparecen”.

Exposición

La investigación de Iram Siraj es parte de un estudio inglés que por 16 años ha seguido la trayectoria de tres mil niños. La idea -dice- es continuar evaluándolos para entregar al Gobierno más evidencia de la importancia que tiene crear incentivos para la educación temprana. “Les puedes dar a los niños 10 mil horas de intervención cuando tienen seis años, pero de esta forma no con todos vas a lograr una diferencia mayor en su trayectoria”. Para lograr una población más comprometida con sus estudios, con ganas de salir adelante y expandir sus oportunidades, “tienes que hacer algo antes de los cinco. Esto después va a influir en el futuro económico, en el bienestar y la salud de la nación”, explica.

Su consejo para los padres chilenos es sacar provecho de la “cultura que tienen en torno a contar historias, en torno a la narrativa oral”. Y aunque en esa área vamos por buen camino, “el país todavía tiene mucho que aprender en cuanto a introducir la literatura de manera temprana. Tú ves que la gente tiende a ser más verbal que orientada a los libros cuando en el metro o los aviones ves a pocas personas leyendo”, observa.

Para que los niños se encanten desde chicos con las historias no es necesario gastar millones, asegura. “Es importante que el niño vea que hay una cultura en su casa en torno a la lectura. Sirve un diario o la Biblia”, dice la académica.

Las bibliotecas públicas también son un buen punto de partida, pues los estudios muestran que quienes desde pequeños se ven expuestos a ellas, incluso sin un conocimiento consciente de las palabras, tienen menos complicaciones académicas a futuro. “Sin saber leer, los niños son capaces de atender señales. Muchos de los ingleses de dos años miran el símbolo de la M y lo asocian con McDonald’s. Eso es comprender representaciones a tu alrededor”.

El que los padres trabajen y estén poco en casa no es excusa para no desarrollar el interés de sus hijos por aprender, cree la especialista. “Incluso en la parada del bus puedes estimularlos. Les puedes preguntar por el número de micro que necesitan tomar o ayudarlos a indicar cuántos dígitos tiene ese mismo número”.

 Seguimiento

18 y 21 años tienen hoy los más de tres mil niños de origen inglés que Iram Siraj y su equipo han estado evaluando durante los últimos 16 años. A través de este grupo han conducido una serie de estudios relacionados con su aprendizaje inicial y al que le ha seguido a lo largo del tiempo.

Variables pendientes

Que el círculo cercano al niño se preocupe por estimularlo, no significa que se deba descuidar a quienes estudian para enseñar formalmente a los más pequeños, indica Iram Siraj. “En Chile tienen un problema similar al de Inglaterra, donde tienen un equipo de educadoras de párvulos muy mal pagado, además de un bajo reclutamiento en las universidades”, comenta. Para que exista conciencia en torno a la importancia de incentivar a los niños antes de los cuatro años, también se requiere “de más investigadores universitarios centrados en infancia temprana, que refuercen los programas al respecto”.

Si no se toman en cuenta la profesión y la evidencia académica que esta puede entregar, es difícil que la población esté al tanto de la importancia de estos primeros años de vida.

Fuente: El Mercurio

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