Equilibrar literatura clásica y best sellers es la clave para cautivar a los niños con la lectura

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La peor técnica es fijar una fecha para que el alumno lea solo y luego realice una prueba. Eso genera rechazo a leer, ya que se asocia directamente con una nota. El proceso lector debe ser acompañado de un mediador que guíe al alumno, lo ayude a contextualizar y lo asista en sus dudas.   CAROLL NEUMANN B.

librosEl año pasado Camila Navarro, quien cursaba primero medio en el Centro Educacional Mariano Egaña de Peñalolén, quedó con los ojos bien abiertos cuando su profesora de Lenguaje y Comunicación le informó que tendría tres semanas para leer La Odisea, ya que luego vendría una prueba parcial con nota directa al libro de clases. “Tenía más de trescientas cincuenta páginas. De entrada, no daban ganas de leerlo por lo largo. Eran muchos personajes y fechas que no podía retener”, recuerda.

Esta realidad se presenta día a día en los colegios de nuestro país. Los libros considerados como “clásicos” muchas veces generan frustración lectora en los niños y jóvenes, ya que contienen vocabulario que no conocen o están escritos en un español antiguo que es lejano a la realidad actual de los alumnos.

“Palabras enredadas”

Nicole Becerra cursa tercero medio y admite que está angustiada porque su profesora de Lenguaje le pidió que realizara los ejercicios de comprensión lectora sobre “La Eneida” que trae el libro de texto que entrega el Mineduc para este nivel. “Lo he leído ya cuatro veces y no logro entender nada. Las palabras son enredadas: yo nunca las había escuchado o leído en mi vida. Este Virgilio famoso escribía de una manera muy complicada”, dice la joven, reconociendo su preocupación ya que es un trabajo con nota.

Esto se enmarca en un escenario preocupante, considerando que el 84% de los chilenos no comprende en forma adecuada lo que lee, según el Estudio de Comportamiento Lector, realizado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA). Pero la solución no está en eliminar o disminuir la cantidad de libros clásicos en los colegios; de hecho, eso perjudicaría enormemente la riqueza cultural de los niños.

“Esas lecturas sirven para recrear una época y contextualizar costumbres, para hacer un estudio sobre la variación del lenguaje, o incluso para mostrar formas de vida. Es mucha la riqueza que podemos encontrar en autores como Cervantes o Shakespeare y hay que considerar que en muchas de sus obras los conflictos siguen siendo actuales”, considera Claudio Aravena, gerente de proyectos sociales de Fundación La Fuente.

Leer por gusto

Por otro lado, están los best sellers , libros contemporáneos muy demandados, escritos por autores actuales que conocen las necesidades e intereses de los lectores. “En las librerías y ferias del libro son los mismos jóvenes los que llegan a buscarlos. Los leen porque ellos quieren, no porque alguien los obligó. Creo que los best sellers son una excelente puerta de entrada para que los jóvenes tomen el gusto por la lectura; por lo mismo, apruebo completamente que los profesores les asignen estos libros a sus alumnos. Si hay que partir por algo, es por la motivación a leer. Luego, de manera escalonada se deben ir introduciendo los clásicos”, opina Sergio Tanhnuz, director de publicaciones generales de Ediciones SM.

El ministro de cultura, Roberto Ampuero, considera que la variedad en los tipos de lectura es la clave, ya que tanto los clásicos, como los libros más actuales tienen riquezas culturales que aportar en el crecimiento intelectual de los alumnos. “Lo que nos liquida en Chile es el pensamiento binario: o esto o aquello. Convendría combinar, comparar y armonizar la necesidad de impartir obras de la gran literatura clásica con las obras que les hablan directo a los niños y adolescentes, porque comparten el mismo mundo. Cuando niño yo podía gozar a Julio Verne y a Marcela Paz, a Karl May y Erich Kästner. Del este o aquello hay que pasar al tanto esto como aquello”, asegura.

Es probable que los alumnos, como Nicole Becerra o Camila Navarro, se sientan frustrados al leer clásicos como “Don Quijote de la Mancha” si no tienen la mediación necesaria para entender este tipo de textos. En este sentido, se debe entender al profesor como un agente activo, que no debe limitarse a fijar fechas de evaluaciones para después corregir.

“Mandar a los niños a leer un libro obligado y después hacerles una prueba es la peor técnica. Nuestra propuesta no va en el sentido de lanzar a los alumnos solos a leer cosas difíciles, sino todo lo contrario. La lectura se debe hacer en clases, con el profesor, y con la ayuda necesaria de este para entregar más información sobre el contexto, la época o el vocabulario. Es una lectura guiada, acompañada y comentada”, señala Loreto Fontaine, coordinadora nacional de la Unidad de Currículum y Evaluación del Mineduc.

El profesor cumple un rol fundamental, ya que si bien el Ministerio de Educación sugiere lecturas, es el educador el que debe seleccionar de esa lista aquellas que más se ajusten a las necesidades e intereses de sus estudiantes.

 En Cifras

40% de los estudiantes declara no leer por placer y el 36% dedica menos de media hora diaria a la lectura, según la última prueba internacional Pisa que investigó los hábitos de lectura de los alumnos chilenos.

5,2% disminuye la estimulación lectora en los colegios entre marzo y diciembre, según un estudio de motivación y valoración lectora realizado por la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes.

Lectores vitalicios

“Debemos intentar que la lectura literaria sea una experiencia grata y se convierta en hábito. La calidad de un profesor de Lenguaje no debe medirse por el número de sietes y seis que logran sus alumnos en su curso, sino que por el número de lectores vitalicios que logra formar en su curso”.

Roberto Ampuero Ministro de Cultura

  Fuente: EL Mercurio

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