Coquimbo: En Canela, la música enseña a los niños a tolerar la frustración y a organizarse mejor

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Hace siete años comenzó en el establecimiento una banda instrumental que hoy es el orgullo de la comunidad de Canela. Gracias al entrenamiento, los alumnos participantes están más abiertos a enfrentar nuevos desafíos.   Margherita Cordano F.

canela“Profe… ¿me puede incluir el próximo año en la banda?”, le pregunta una alumna a Rodrigo Lemus mientras este se pasea por el patio de la Escuela Canela Baja, ubicada en la localidad del mismo nombre en la Región de Coquimbo. Al rato otros dos estudiantes demuestran que ella no es la única compañera que busca su atención: sin importar el sol que les pega en la cara, al músico lo persiguen en el recreo pidiéndole que “¡por favor, por favor, por favor!” los acepten como miembros del grupo musical que el año 2006 comenzó a funcionar dentro del colegio.

La banda la conforman 22 alumnos de 5° básico a IV medio y entre sus instrumentos incluye algunos de percusión, guitarras, clarinetes, trompetas y hasta un saxofón, entre otros. “Todos comprados a través de fondos concursables”, explica Lemus, profesor de Música y hoy director de la agrupación. “Hace siete años partimos y desde entonces no hemos parado. El éxito ha sido tanto, que hoy tenemos una lista de espera de niños pidiendo que se les reserve un cupo, lo que sirve para mantener el flujo: salen los chicos de IV medio y otros van entrando”, cuenta.

Más allá de la popularidad que les entrega pertenecer al grupo insigne del colegio, los beneficios para quienes participan de la banda incluyen un mayor acceso a la cultura musical, una mejor organización personal y mucha más tolerancia a la frustración. Algo que va de la mano con aprender el movimiento de labios que permite sacar sonido a una flauta traversa, o con, por fin, lograr un buen acorde al tocar la guitarra.

Fueron estos cambios los que permitieron que la escuela haya sido seleccionada para formar parte de la Red de Escuelas Líderes de Educación en Pobreza, iniciativa que impulsan la Fundación Chile, Fundación Educacional Arauco, Fundación Minera Escondida y “El Mercurio” y que destaca la labor de establecimientos que entregan educación de calidad a niños de contextos vulnerables.

Es el caso de la escuela Canela Baja, donde el índice de vulnerabilidad de sus 330 alumnos -40 de ellos internos por vivir en zonas rurales alejadas- alcanza un 81%.

Más autoestima

“Estoy contenta porque he podido hacer más amigos y conocer lugares que nunca había visto. Me acuerdo que una vez fuimos a tocar a Guanaqueros y después de la presentación nos metimos al agua… con ropa”, cuenta Scarlett González, de 7° básico, quien “después de no saber mucho” hoy toca el teclado, el acordeón y la melódica. A su lado, su compañero de curso Carlos Vega ríe ante el recuerdo y agrega: “A mí también me gusta mucho conocer otras partes. Por eso a principios de 6° le pedí al profesor que me dejara ser parte del grupo para tocar la batería. Desde entonces me he llevado puros comentarios positivos”, cuenta orgulloso.

Esos comentarios permiten que “los niños se sientan importantes y que se eleve su autoestima. Ellos, que sienten que nunca han tenido mucho, se dan cuenta de que tienen aptitudes extraordinarias que estaban ahí, pero que hacía falta despertar”, cuenta la directora del establecimiento, Elizabeth Guerra. El comentario viene de cerca: su hijo de once años es trompetista de la banda.

“El grupo les abre oportunidades de recreación muy importantes. Permite a los niños que se amplíe su repertorio de experiencias, algo fundamental cuando vives en sectores de menos recursos como este”, cree Daniela Pastenes, psicóloga y encargada de convivencia del establecimiento.

La apertura, explica, no solo pasa por darles a los alumnos la oportunidad de tocar en lugares distintos a su ciudad, sino por permitirles acceder a un mundo donde la música pasa a ser más que solo cuecas y rancheras, los sonidos más populares de la zona.

Comunidad

Aunque los alumnos de la escuela Canela Baja egresan en 8° básico del establecimiento, quienes continúan su enseñanza media en el liceo vecino suelen seguir ligados a la banda. Con el profesor y los alumnos más chicos se juntan a practicar después de clases un promedio de dos veces por semana. Además de ellos, están los estudiantes del otro colegio de la zona, la escuela de Canela Alta, donde Rodrigo Lemus también hace clases de Música. “Nosotros lo supervisamos, pero este proyecto, más que a una escuela en particular, pertenece a toda la comunidad canelina”, explica Elizabeth Guerra.

De ahí que los mismos papás apoyen y acompañen en la mayoría de sus presentaciones a sus hijos. Este involucramiento ha hecho que también sean más las familias que se relacionan con el resto de las iniciativas que destacan en el colegio: la participación en las presentaciones de los talleres de ajedrez, tenis de mesa y fútbol ha aumentado, así como la de los festivales de la canción, de las artes y de inglés que se organizan.

 Abriendo puertas

“La música abre puertas y eso queremos seguir replicándolo con otras actividades. A fines de año tratamos de que todos los cursos hagan una gira que cancelamos con el dinero de la subvención preferencial y a los internos además los llevamos al cine, una experiencia única para ellos. A través de estas iniciativas los niños valoran y se hacen cómplices nuestros”.

Elizabeth Guerra, directora.

“Ante la necesidad y ganas de los alumnos de ingresar a la banda, hemos ido incorporando distintos instrumentos de orden popular como el charango, cuatro venezolanos y tres cubanos. El desafío posterior es seguir creciendo y adquirir cada vez más instrumentos. Estamos siempre postulando nuestros proyectos a distintos fondos a ver si sale algo”.

Rodrigo Lemus, profesor de Música y director de la banda.

“El año pasado el profesor supo que yo tocaba flauta dulce. Me escuchó y me dijo que me iba a enseñar a tocar saxofón. Me gustó el desafío de aprender algo nuevo y acepté, aunque al principio ni me sonaba. Aunque siempre me gustó la música, ahora siento que me gusta más, porque también la conozco más”.

Mauricio Vicencio, alumno de 7° básico.

Claves del liderazgo

VISIÓN A LARGO PLAZO

El éxito de la experiencia de la banda permite soñar con formar una Orquesta Sinfónica juvenil en los próximos años. Para ello se está siempre buscando aumentar el número de profesores y la colección de instrumentos.

FLEXIBILIDAD

Está implícito en el reglamento escolar que a los alumnos que pertenecen a la banda se les den facilidades en caso de que una prueba coincida con un entrenamiento o una gira. Cuando hay presentaciones en el colegio, todos los estudiantes actúan de público.

COMPROMISO

Aunque la Escuela Canela Baja está a cargo en la práctica, la banda hoy es considerada parte de la comuna. Por ello quienes egresan del establecimiento siguen participando de los ensayos cada vez que pueden. Son un referente de las nuevas generaciones.

  Fuente: Emol

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