Los amigos (que ya no se ven) después de clases

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Las actividades cara a cara con otros niños -fuera del colegio- son escasas. La responsable sería la jornada escolar extendida, que cambió la dinámica de amistad. La conclusión es de un estudio internacional aplicado en Chile por primera vez.

amigosANTES pasaba por una cuestión de acuerdos. Los niños de hace décadas, para poder ir a jugar con los amigos, tenían, primero, que terminar las tareas… Ahora, no se negocia: simplemente, la mayoría no se ve después de que termina el horario de clases. En otras palabras, el tiempo diario que los niños pasan cara a cara después de la jornada escolar, poco a poco, se está perdiendo.

A mayor precisión todavía: el 50,2% de niños de la misma edad dice que a sus amigos (después de clases) los ven “poco”, “nada” o “menos de una vez por semana”; sólo el 23,7% de los niños entre ocho y 13 años dice ver “casi todos los días” a sus amigos.

Un ejemplo: la pichanga que las madres tenían que interrumpir cuando llegaba la hora del té, por estos días se juega en el patio del colegio, durante el recreo. Y lo confirma el 44% que afirma que dedica “poco tiempo”, “nada” o “menos de una vez por semana” a jugar deportes en equipo después de clases (un 29% dice que sí lo hace casi cada día).

O sea, los niños de ahora cambiaron la plaza por el computador, la televisión y las tareas.

Estos son resultados preliminares del Primer Estudio de Calidad de Vida y Bienestar Subjetivo en la Infancia en Chile realizado por la Universidad del Desarrollo y la U. de Santiago, con el patrocinio de UNICEF-Chile.

“Está claro que los niños tienen un porcentaje bajo de actividades fuera de la escuela, sobre todo en el cara a cara con sus amigos. La mayoría de las actividades son dentro del contexto escolar y esto ocurre de forma transversal en la sociedad”, dice Jaime Alfaro, sicólogo académico de la UDD y autor de esta investigación que encuestó a 2.444 niños de ocho a 13 años y que corresponde a la implementación en Chile del Estudio Internacional sobre Bienestar Infantil organizado por la Sociedad Internacional de Indicadores de la Infancia. El autor explica, además, que la dinámica familiar (en la que ambos padres trabajan), el diseño urbanístico de la ciudad (el colegio no siempre queda cerca de la casa), las tareas y la inseguridad de las calles han influido en que los niños se vean menos.

Sin embargo, Alfaro dice que más importante que la cantidad de horas que ha disminuido, es que cambió la calidad: “El barrio como punto de encuentro ya no tiene presencia. La vida cotidiana para los niños se hace en la familia y en el colegio por la extensión de la jornada escolar (ley promulgada en 1997). Esto cambió significativamente la dinámica de la relación entre ellos”, dice.

Los nuevos tiempos ya están instalados. Lo prueba la encuesta, porque aunque no hay duda de que ha cambiado significativamente la relación entre los niños, en el estudio el 81% de ellos dice que está de acuerdo o muy de acuerdo con la frase “tengo suficientes amigos”.

Eso es lo bueno de todo esto. Lo malo es que esta transformación tiene consecuencias negativas.

Juan Carlos Oyanedel, el otro autor del estudio, sociólogo y académico de la Usach, explica que si bien se podría pensar que el horario extendido en el colegio -y por lo tanto más horas cara a cara entre niños- es un buen sustituto de las horas de barrio, no es así. En espacios controlados, dice, se restringe la creatividad y el permitir equivocarse.

“En muchos colegios no se les enseña a equivocarse y eso genera frustración. Un buen lugar para esto eran las plazas con otros niños donde no había sanción por el error”, comenta. Y agrega que en estas instancias, cuando se está en el cara a cara en espacios que no buscan la disciplina, se aprenden conductas prosociales, como la empatía. “Cuando pierdes el cara a cara en lugares distendidos, también pierdes el leer emociones como escuchar a un amigo”.

María Rosario Sádaba, profesora española de la U. de Navarra y una de las autoras del estudio La Generación Interactiva en Iberoamérica 2010, dice a Tendencias que los niños necesitan estos espacios fuera del colegio, porque no hay tiempos limitados. “Esa libertad de horario ayuda a aprender a ser responsable porque decido qué hacer. En el colegio uno no siempre puede elegir”.

Por la misma extensión en la jornada y la exigencia que ello implica, no tienen tiempo. Y se refleja en sus respuestas: 53% de los niños dice que “cada día” o “casi cada día” dedican tiempo para hacer las tareas. Pero ni si quiera el estudio es una excusa para juntarse. El 47% afirmó que “nunca” se junta con sus amigos a estudiar. Ahora estudian por Facebook (77% lo afirma, según un sondeo de EducaUc a estudiantes de I medio).

Lo bueno es que estudiar así no era predictor de malas notas, según el informe.

Pero hay un “pero”. Según comenta Catalina García, directora del magíster en Sicología Educacional de la U. del Desarrollo, el problema está en los trabajos en grupo que se hacen virtualmente. “Dividirse las partes sin discusión no es trabajar en grupo. Eso también puede hacer que se sientan poco comprometidos si hacen su parte sin el cara a cara y sin recibirfeedback después”.

En esa línea, un estudio de la U. de Illinois analizó 200 estudiantes y encontró que aquellos que se comunicaban en persona, y no vía chat o correo, mostraban mayor confianza y una cooperación más efectiva, mientras que los que usaban los medios digitales eran incapaces de trabajar juntos porque no tenían las interacciones suficientes para generar confianza.

El 43% de los niños dice que habla con sus amigos “todos los días” fuera del colegio y 46% afirma pasarlo bien con ellos fuera de éste. Es que, claro, no será el cara a cara que usted vivió, pero ellos no notan un vacío en sus relaciones. Sádaba explica que lo positivo de esta comunicación virtual es que no se sienten solos. “Socializan distinto, porque las redes sociales son una manifestación contemporánea de una necesidad universal: la necesidad del otro”.

Oyanedel comenta que, seguramente, el bienestar positivo de los niños con su vida en general (8,44 en la escala de 0 a 10 según el estudio) se debe a que se sienten más acompañados y conectados que generaciones anteriores. Eso sí, precisa, la parte negativa es que como la comunicación está siendo a través de internet, pierden el lenguaje. Y el lenguaje oral es mucho más rico que el escrito -agrega-. “Eso afecta cómo se expresan y cómo entienden al otro”, dice.

Por lo anterior, sigue Sádaba, se está viendo que estos jóvenes le dan menos valor a la palabra empeñada. “Si se han comprometido con una cosa por chat, no se sienten comprometidos porque la pantalla lo hace menos real. Eso hace que sean más superficiales con el compromiso y tengan amigos más desechables”.

Con sus pros y contras, pero totalmente distinto: así se mantiene ahora la amistad después de clases.

Fuente: La Tercera

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