“Generación PSU” evalúa el test que hace diez años los puso a prueba

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Fueron los primeros en enfrentarse a un examen que modificó las reglas para entrar a la universidad. Una década después, analizan los alcances de ese cambio y cómo afectó sus carreras.   Equipo de Ciudad

psuEn pocos meses, los alumnos que egresaron de enseñanza media en 2003 tuvieron que aprender a responder preguntas de términos excluidos a las de figuras literarias. O dejar atrás los ilativos y empezar a pensar en cómo analizar avisos publicitarios. Quedaba atrás la Prueba de Aptitud Académica (PAA), por meses se habló de un Sistema de Ingreso a la Educación Superior (SIES), y finalmente se instauró la Prueba de Selección Universitaria, PSU.

El debate en torno a esos cambios cumple una década, y sigue desatando pasiones. Por eso, quienes se enfrentaron por primera vez a la PSU comentan hoy cómo vivieron ese cambio y la modificación de las reglas de ingreso a la universidad.

Bárbara Soto (28) nació en Iquique, y no hizo preuniversitario. Su única preparación fue la que le dio su colegio subvencionado y un libro que le compró su padre en un viaje a la capital. Cuando supo que después de todos sus ensayos finalmente daría la PSU, estudió hasta la madrugada cada noche.

Ingresó a Periodismo en la UC, pero luego descubrió que su sueño era que otros niños también lograran el suyo.

“Para formar al profesional, la PSU es súper positiva, pero en el tema social es súper injusta, porque mide habilidades donde influye la división de los colegios”, dice quien hoy es la fundadora de la Fundación Escoge Futuro, que prepara a niños vulnerables para sus próximos años y para la PSU. Soto valora la introducción del ranking de notas como un indicador que podría “nivelar la cancha”, pero cree que queda mucho por hacer.

Intentó alejarse del estrés colectivo que había sobre la prueba, así que no hizo preuniversitario y, en cambio, se dedicó a leer mucho y estudiar con sus amigos. Egresado del Colegio Británico de Punta Arenas, Gabriel Boric (27) dio la PSU, y se matriculó en Derecho de la U. de Chile. Aunque siempre le interesó la política, nunca imaginó que a diez años de ese hito estaría preparándose para asumir como diputado.

“Encontraba la PSU mucho más entretenida que la PAA, pero, claro, mirándola en perspectiva, el que mida conocimientos más que habilidades es súper discriminador. Es un corte de clase social y profundiza las desigualdades que vienen desde la base”, comenta el ex presidente de la FECh.

Diez años después de dar la PSU, Luis Ávila (27) se prepara por estos días para dar la segunda prueba más importante de su vida: el examen médico Eunacom. Es que este médico cirujano de la UNAB también fue uno de los estudiantes que en el año 2003 eran presa de la incertidumbre.

“Uno conocía la PAA por los primos más grandes, que te heredaban sus facsímiles en papel roneo, y sería todo. No existía real claridad sobre las pruebas específicas que uno tenía que escoger dar. Y más encima en el aire bullía el rumor del cambio”, explica.

Hoy, este joven trabaja en la implementación del sistema de registro electrónico del Hospital de Maipú, creó el blog Matasanos.org, realiza consultorías en salud digital y fundó el movimiento “Viralizando”, que tiene por objetivo difundir el uso de tecnologías de la información e internet en beneficio de la salud.

Con el mismo sentimiento de sorpresa que lo invadió cuando supo que ya no tendría que rendir la PAA ni el SIES, sino que la PSU, Daniel Karmelic (28) recibió sus puntajes de ingreso a la universidad: nacional en Matemática y 809 en Lenguaje.

Así, cuatro meses previos a la prueba, el ahora bioquímico de la UC y doctor (c) en Neurocirugía de la U. de Chile realizó día tras día un sinfín de facsímiles, a costa de truncar el adquirir nuevos conocimientos. “Creo que esta prueba lo que hace es que uno sepa más y piense menos (…) está bien para medir conocimientos, pero creo que las notas son un mejor predictor para las universidades”, concluye.

  Fuente: El Mercurio

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