La cruzada de Maggie Aderin-Pocock en busca de más estrellas científicas

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La especialista en física no permite que su trabajo la mantenga encerrada todo el día en un laboratorio. Con la idea de que todavía hay mucho desconocimiento sobre qué implica este tipo de carreras, ella sale en busca de escolares para convencerlos de sus beneficios.   Margherita Cordano

mercurioMaggie Aderin-Pocock se presenta a sí misma como la antítesis de eso que llama “la idea preconcebida” de los científicos: no viste de bata todo el día (es más bien fanática de los atuendos tradicionales africanos) y al contrario de la idea de una especialista ermitaña, dice disfrutar mucho de una buena conversación entre amigos y desconocidos.

Este último punto quedó en evidencia durante su paso por la Cumbre Mundial de Educación realizada a fines de octubre en la ciudad de Doha (Qatar). Fue allí donde entre risas explicó a quienes se acercaron a conocerla que sus colegas no son todos ancianos ni tienen el pelo despeinado a lo Albert Einstein. Aclaró, además, que el laboratorio no es el único lugar donde pasa sus horas; salir a mirar las estrellas por gusto es una de sus actividades favoritas.

“Los cielos de Chile los recuerdo con especial cariño. Estuve ocho meses trabajando ahí, bajo el alero de los Andes y con mi copa de vino esperando que bajara el sol”, comenta.

Llama la atención que esta visión romántica del cielo sea lo que al mismo tiempo es su trabajo: Aderin-Pocock -británica de padres nigerianos- estudió física y se doctoró en Ingeniería Mecánica. En Chile trabajó supervisando labores del telescopio Gemini entre 2003 y 2004.

Su otra pasión -confiesa- es enseñar a los escolares qué implica un trabajo relacionado con las ciencias. “Los niños, y especialmente las mujeres, creen que si estudias física estás obligado a ser profesor. Que no hay nada más que puedas hacer. Eso sucede con la mayor parte de las carreras tecnológicas, las ingenierías y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Se convencen a ellos mismos que todo está hecho y que no hay nada nuevo por descubrir”. Moviendo la cabeza de un lado a otro, agrega: “Yo les digo que el 94% del Universo todavía es algo desconocido. Si hoy no hemos podido descifrarlo, entonces necesitamos de mentes jóvenes que nos den una mano”.

Su labor comunicando la importancia de la formación científica la realiza a través de su compañía Science Innovation Ltd. (con la que se dedica a viajar por el mundo dando conferencias) y como rostro de algunos programas educativos de la BBC. En radio también se ha hecho popular, lo que le valió ser condecorada por la reina Isabel, por su trabajo entusiasta en el área de la educación.

“No es difícil que un niño disfrute de las ciencias, lo que pasa es que los profesores y papás no han sabido comunicarlo bien. Pero pensemos en los años 60, 70, cuando el hombre pisó la Luna… ¡todos querían ser astronautas, porque se hablaba con amor sobre ello!”, dice. Ante la posibilidad de volver a ese entusiasmo hoy, responde: “Hay que buscar ideas creativas, mostrar la relevancia que hay detrás de estudios como estos. En Gran Bretaña, por ejemplo, se hizo muy famoso el programa de televisión CSI durante una época. Eso es un gran potencial para que los niños descubran el trabajo de los científicos forenses (como los que protagonizan la serie) y quieran conocer más sobre ello”.

Otro consejo es que esos mismos apoderados y maestros no desalienten a los niños que muestren interés por las áreas STEM, incluso si no tienen las mejores calificaciones.

La recomendación viene de cerca. De niña, Maggie Aderin-Pocock fue diagnosticada de dislexia, lo que hizo que muchos profesores desconfiaran de sus capacidades. “Pero yo revertí la situación y pensé que si tenía dislexia era probable que no leyera bien, pero que entonces mis capacidades se vieran potenciadas por otro lado”.

Fuente: El Mercurio

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