Negarse a ser mejor, por Isaias Sharon

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blogRecientemente al felicitar a una persona por haber tenido (a mi juicio) una actitud positiva que no realizaba frecuentemente, me lleve la sorpresa de su reacción, la cual fue negativa como si le hubiera dicho algo que no estaba bien.

Luego, escuchando sus comentarios, me percaté que asociaba esa conducta deseable con ejemplos de malas conductas, y fue claro porque suele tener dificultades en ese ámbito de la vida.

Algunas veces nos convencemos de ideas que inculcamos en nuestro interior y nos acompañan por mucho tiempo o toda la vida. Como aquellos que roban y dicen que “trabajar es de tontos”, o aquellos que creen que llorar es una debilidad, o ser atento con los demás es un signo de sumisión, o ser amoroso con la pareja será ridículo o infantil.

Nos encontramos todo el tiempo con creencias que finalmente terminan limitando nuestras posibilidades de ser mejores personas en diferentes dimensiones de nuestras vidas, y las llevamos integradas en nuestra forma de ver el mundo, por lo que cambiarlas no es tarea fácil.

Sin embargo, ¿cuánto nos ayuda creer estas cosas? ¿Será que todos están equivocados y nosotros en lo cierto? ¿O nos conformaremos con atrincherarnos en la excusa del “yo soy así”?

Ser mejor persona, hijo, hermano, amigo, pareja o trabajador es una decisión que tan sólo está en nosotros y negarnos a alcanzar una versión mejorada de nosotros mismos, nos puede conducir tan sólo a tropezar una y otra vez con la misma piedra mientras culpamos al camino de no ser todo lo asfaltado que nos gustaría.

Creer que lo positivo es sinónimo de lo ridículo o lo débil, es una excelente ayuda para mantenernos tal cual estamos hoy, y un día sin aprender es un día que hemos perdido. Y tú ¿te negarás la posibilidad de ser mejor?

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