La evaluación y su función pedagógica. ¿Es así en nuestro país?, por Alexis Moreira

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blogCuando se habla de la función pedagógica de la evaluación, por lo general, tendemos a pensar rápidamente en el concepto de “retroalimentación”, pero ¿eso es todo? No cabe duda que, uno de los temas más complejos para cualquier docente,  tiene relación  con la evaluación de los aprendizajes. Si nos adentramos en las prácticas evaluativas, nos damos cuenta que aún existen procesos engorrosos, los cuales parecen haberse mecanizado en la cotidianeidad de cada escuela. Esta situación no es menor, si consideramos que la manera de evaluar impacta directamente en la formación de cada educando.

“Lo cierto es que la forma de entender la evaluación condiciona el proceso de enseñanza y aprendizaje” (Santos Guerra, 1996).  Comprender que la evaluación es intrínseca al proceso de enseñanza – aprendizaje, tiene directa relación con la comprensión de la función pedagógica de la evaluación. Sabido es que, en nuestro sistema, parece distorsionarse esta función, ya que por lo general las comunidades educativas se centran en las calificaciones (notas), dejando de lado, el análisis profundo de lo sucedido con el aprendizaje y, sobre todo, la retroalimentación que se pueda entregar a cada estudiante a partir de ello.

Continuando con lo anterior, es preciso indicar que la función pedagógica de la evaluación en el proceso de enseñanza – aprendizaje, es un dispositivo pedagógico que debe regular continuamente los aprendizajes. Para esto, es fundamental la importancia que le asigna cada docente a esta regulación, comenzando desde la planificación de clases. No obstante lo anterior, sabemos que en la mayoría de las escuelas y liceos, cada vez se prioriza más la aplicación de diversos tipos de test para medir y evaluar (internos y externos). Desde este escenario, podríamos culpar a diversas variables de nuestro sistema, sin embargo y, aludiendo a todo lo anterior, surgen preguntas como: ¿dónde queda la función pedagógica de la evaluación en esta realidad? ¿Qué tipo de decisiones se estarán tomando a partir de “todo” lo medido? ¿Estarán aseguradas la validez, confiabilidad y objetividad de los instrumentos que se aplican?

“Cada vez más se considera que si se quiere cambiar la práctica educativa es necesario cambiar la práctica de evaluación, es decir, su finalidad y el qué y cómo se evalúa” (Jorba y Sanmartí, 1993). Si queremos consolidar en nuestro país la función pedagógica de la evaluación, debemos priorizar, aunque suene reiterativo, el enfoque de “evaluar para el aprendizaje” por sobre el de “evaluar el aprendizaje”, centrándose y buscando continuamente la retroalimentación efectiva, a modo de mejorar el proceso y los resultados en cada estudiante.

 Con todo, sabemos que las carencias que pueda tener esta práctica en nuestro país, no podemos atribuirlas en su totalidad a los docentes. Seguramente, con una mejora en aspectos relevantes, tales como el tiempo, formación inicial, formación continua, entre otros, que podrían y deberían verse reflejados en una futura ley de Carrera Docente (actualmente en proyecto), esta práctica de evaluar aseguraría su función pedagógica que, tal como dicen los estudios e investigaciones, contribuiría sin dudas a mejorar los procesos educativos a nivel sistémico.

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