Clasificación de colegios, por Ernesto Trevino

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BLOGLA LEY del Sistema Nacional de Aseguramiento de la Educación exige que la Agencia de Calidad de la Educación clasifique los establecimientos educacionales en función de los estándares de aprendizaje y otros indicadores de calidad educativa.

La ley establece que el indicador usado para ordenar los establecimientos debe incluir los estándares de aprendizaje con un peso que no podrá ser inferior al 67%, además de incluir otros indicadores de calidad educativa, y considerar también las características socioeconómicas de los alumnos y sus establecimientos.

El mandato de la ley es claro y se trata de ordenar a los colegios según los indicadores estipulados en la normativa. Eso no está en duda. Al momento de ordenar los colegios existen distintas metodologías que afectan gravemente la posición que guardan las escuelas y las consecuencias que sobre ellas recaerían producto de la ordenación.

La ordenación propuesta por la Agencia de Calidad adolece de graves errores metodológicos. Hace más de 20 años la investigación sobre eficacia escolar determinó que es necesario usar una metodología llamada multinivel para hacer este tipo de análisis. Pisa de la Ocde, Timss y  Pirls de la International Evaluation Association y los estudios de la Unesco usan esta metodología, por considerarse la más adecuada para este tipo de análisis. El método fue desarrollado por el profesor Harvey Goldstein en Inglaterra y los profesores Bryk y Raudenbush en Estados Unidos a fines de los 80. Dado que se trata de un tema técnico, trataremos de explicar el error metodológico con un ejemplo. Para ordenar las escuelas es necesario comparar el nivel de aprendizaje alcanzado por cada escuela, considerando las características de vulnerabilidad, como dice la ley. La principal variable que influye en el aprendizaje en Chile es el nivel socioeconómico promedio de la escuela. Esto, porque hay una gran segregación social en el sistema escolar. Por eso es necesario considerar estas desigualdades socioeconómicas entre escuelas, pues al interior de éstas los alumnos tienen niveles socioeconómicos muy parecidos.

La metodología propuesta por la Agencia de Calidad de la Educación, sin embargo, considera únicamente el nivel socioeconómico individual de los estudiantes en su ordenación, en vez de usar el promedio por escuela, que es el que más incide en las desigualdades de aprendizaje. Es como si para medir el peso de una persona, en vez de usar una pesa, usáramos una regla de un metro. Con esta regla podemos tener una estimación del peso conociendo la altura y el grosor, pero será poco precisa, pues para medir el peso se debe usar la pesa, que es el instrumento más adecuado para ello.

Además, el índice de ordenamiento de las escuelas pondera en cerca de 75% los resultados Simce, lo que se parece a la ponderación que se hace de la PSU (75%) y las notas de enseñanza media (25%) en el proceso de admisión a las universidades. Por tal motivo, no sería raro que los resultados del ordenamiento repliquen la desigualdad que se observa en los procesos de admisión a la educación superior. Esta metodología de ordenación estigmatizará aún más a los niños y las escuelas vulnerables, sin ayudarles a mejorar.

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